Cristina Mitre: “Correr exige algo que a la sociedad le queda cada vez menos: paciencia”

Pasito a pasito no solo es parte de la letra del estribillo más bailado este verano. Cristina Mitre (Gijón, 1977) hace de estas palabras, con permiso de Luis Fonsi, su lema de vida. La fundadora del movimiento social Mujeres que Corren y autora del libro con el mismo nombre, nos habla de igualdad, de solidaridad y de deporte. Porque el optimismo y la ilusión son una carrera de fondo y Cristina comparte con nosotros las claves para ganarla.

¿Cómo nació Mujeres que Corren?

Mujeres que Corren era un hashtag que utilizaba en las redes sociales, ni siquiera sabía que existía un libro que se llamaba Mujeres que corren con lobos, pero a mí aquel Mujeres que Corren me parecía muy evocador para contar un poco más que mis aventuras, mis desventuras en mallas y zapatillas. Lo mucho que me estaba costando correr y lo que comenzó como un hashtag terminó viralizando: convirtiéndose en un movimiento social de running femenino. Ese es el poder de las redes sociales, de un hashtag a un movimiento social, un libro, miles de mujeres corriendo por la investigación de la leucemia infantil y un proyecto solidario increíble.
<h4¿Imaginabas la gran repercusión que tendría?

La primera quedada de Mujeres que Corren fue el 1 de febrero 2013, al llegar a casa llamé a mi amiga Clara y le dije que aquel día empezaba algo grande. Jamás pensé que tendría semejantes dimensiones pero creo que se hizo grande porque no había plan, porque surgió de la pasión, del convencimiento de que algo se puede hacer con el simple gesto de poner un pie delante de otro. Ese es el verdadero valor de Mujeres que Corren, ni siquiera es una fundación, no es una ONG, sigue siendo un movimiento que nace y se nutre en las redes sociales.

Corriste la maratón de Boston con Katherine Switzer, la primera mujer que de una manera oficial lo terminó ¿Cómo fue la experiencia?

Tuve la suerte de correr con Katherine Switzer, que fue la primera mujer en correr oficialmente la maratón de Boston en 1967, ya en 1966 lo había intentado Bobbi Gibbs, gracias a que se apuntó con sus iniciales. Hay una foto mítica, de las mejores fotos de toda la historia elegidas por la revista Time, en la que se ve al director de la carrera intentando expulsarla de la prueba. La conocí [en referencia a Switzer] en 2014 en una carrera en Mallorca y le dije que si en 2017 corría la maratón de Boston allí estaría con ella, formando parte de su sueño. Tuve que correr mucho, conseguí hacer mi mejor marca personal en Barcelona y mi dorsal para correr Boston. Allí estuve con ella, acompañándola en los días previos a la maratón y fue increíble atravesar ese arco de meta 50 años más tarde. Me siento muy feliz y muy orgullosa de formar parte de esa historia. La historia de Katherine nos representa a todas.
La historia de la foto podría haberse convertido en una anécdota más de la maratón de Boston, la típica foto en blanco y negro, pero se convirtió en una lucha por los derechos de las mujeres dentro y fuera de las pistas de atletismo. Hasta 1973 la maratón de Boston no permitió a las mujeres participar y todavía hubo que esperar un poco más porque no pudimos competir en maratón olímpico hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, en España también hay mucha historia que contar.

Deporte y feminismo dos campos que parecen están separados pero que se unen, como en la lucha por la igualdad.

Katherine lo dice, para ella conseguir que el maratón fuese olímpico era el equivalente físico a darle a la mujer el sufragio. Estoy tan enganchada a la historia de Katherine porque es creer que algo tan sencillo como poner un pie delante del otro puede transformar toda la vida. Lo hemos visto con las atletas keniatas, esas mujeres consiguen sacar adelante a sus familias a través del atletismo. Muchas veces me preguntan por qué correr y, para mí, es correr porque cuesta, porque se sufre, porque aprendes a estar cómoda dentro de lo incómodo que resulta correr; y sobre todo porque yo nunca pensé que podría correr. De repente, verme capaz de hacer algo que yo creía que era imposible es un impulso a la autoestima. Tener confianza en una misma, ver que puedes llegar más alto, que puedes tener aspiraciones. Correr tiene muchas transferencias a nuestra vida más allá de que lo que corramos, porque eres corredor hagas dos, cinco o 42 kilómetros.

¿Cómo ves el deporte femenino en los medios de comunicación?

Todavía queda un largo camino por recorrer. La información deportiva femenina solo ocupa un 2% del total. El otro día me puse muy contenta porque de repente vi que el periódico Marca tiene ya una sección de deporte femenino y eso quiere decir que poco a poco se va tomando impulso. A un atleta no se le pregunta por su estilismo, ¿te imaginas en una rueda de prensa preguntarle a Ronaldo por su corte de pelo? Pues no, yo no. Espero que poco a poco el discurso y la conversación vayan cambiando y que a Mireia Belmonte no le pregunten en el directo de televisión por sus uñas de porcelana, sino por sus medallas.

Tu carrera en el maratón de Boston tuvo un carácter benéfico, ¿por qué?

Mujeres que Corren no es una fundación, ni una ONG, es un movimiento social, pero viendo un poco cuál debería ser el devenir de Mujeres que Corren siempre estaba unido a Uno entre cien mil, una fundación que busca investigar la leucemia linfoblástica aguda. Ya hemos dado cuatro becas de investigación, desde el 2012, y creíamos que tenía mucho sentido que Mujeres que Corren tuviese su propia beca. Hablamos con el Hospital Niño Jesús y con el doctor Luis Madero, que es el director de oncología pediátrica del hospital, y le consultamos cómo podíamos unir la actividad física y el cáncer infantil. Nos dijo que precisamente el deporte era un nexo. El hospital tiene gimnasio, pero queremos demostrar cómo el deporte podría ayudar en la curación del cáncer infantil. Mujeres que Corren quiere lanzar la primera beca para financiar un estudio que demuestre cómo el deporte no solo mejora la autoestima o el trabajo de fuerza, también impulsa el sistema inmune. Así no solo se recomendaría a los padres que los niños hicieran deporte, sino que sería una prescripción médica. A través de la carrera virtual de A Boston con Mitre, que fue una pasada, participaron más de 18 países, 456 ciudades y 2.300 dorsales, logramos 10.000 euros, pero todavía nos falta llegar a esos 52.000 euros para sacar el proyecto adelante. Yo creo que antes de final de año, con el poquito de muchos, llegaremos victoriosos hasta la meta.

Revolucionaste las redes sociales con tu mensaje al Real Madrid, pidiendo ayuda con esos 52.000 euros.

Estaba viendo la final de la Champions, me imagino que como la mitad de la población mundial, y cuando me dijeron las primas de los futbolistas dije: “bueno, pues yo voy a poner un mensaje a ver si apelo a su solidaridad”. Pensé que entre los 22 jugadores eran unos 2.000 euros, igual lo donaban. Después el mensaje se hizo viral, mucha gente lo compartió a través de las redes sociales y al final he dejado la campaña porque yo lo que quería era apelar a que fuese una donación hecha desde el corazón. Que creyesen en el proyecto, que quisiesen formar parte y saber lo importante que es el deporte en la curación del cáncer infantil, pero mi propio mensaje se empezó a desvirtuar y lo que yo quería que fuese una petición parecía una obligación. La caridad de la culpa no me gusta, una vez lanzado el mensaje y ante la poca respuesta… dejé de insistir. Creo que el community manager del Real Madrid y de la fundación lo agradecen. Quién sabe, igual un día me llaman y me dicen que quieren donar los 52.000 euros que faltan, desde aquí les hago un llamamiento.

¿Por el momento ninguno ha respondido?

No, por ahora ninguno ha respondido. El representante de Sergio Ramos sí que me respondió y me dio las gracias por hacerles llegar mi petición. Sergio ya colabora con otras causas y yo lo comprendo. Desde la Fundación del Real Madrid también se pusieron en contacto conmigo y tuve una reunión con ellos para ver posibles formas de colaboración, pero encontrar la forma a veces no es tan fácil como parece. Sin embargo, yo estoy segura de que aunque no sea el Real Madrid con el poquito de mucha gente se logrará, porque es súper sencillo colaborar.

¿Cómo se mantiene la ilusión en el día a día?

Para hacerme perder a mí la ilusión hay que tirar una bomba atómica, es difícil que la pierda pero hay días que se me hace más difícil. Al final soy corredora, soy maratoniana y es como una carrera de obstáculos. Lo importante es dosificar para vernos victoriosas en la meta. Tengo un equipo en la Fundación Uno entre cien mil, Elena, Edu o José, que son increíbles. Sé que entre todos esta beca saldrá, es cuestión de tiempo y de no perder la ilusión. Ha habido tanta gente que se ha sumado en estos meses, desde colegios que me han escrito o mercadillos de niños; y eso a mí me hace mucha ilusión. Es un mensaje muy positivo, querer formar parte de algo que te trasciende, 20 euros por aquí, 10 euros por allá, llegaremos.

¿Te ha sorprendido lo buena que es la sociedad?

La gente es buena y a veces me deprime un poco que en redes sociales solo se vea la cara amarga: los troles y los haters. Tengo mucho que agradecer a las redes sociales, yo soy producto de las redes sociales y de lo que me han permitido. He creado un movimiento social a través de un hashtag con mucha pasión y con mucha energía, porque detrás hay muchísimo trabajo. No tengo ni idea de SEO o SEM, soy completamente autodidacta. No había ningún plan, simplemente es creer en algo. Le tengo mucho que agradecer a las redes sociales.

¿Qué es lo mejor que te ha dado el deporte?

Tener la oportunidad de conocer a mujeres increíbles, corredoras que nunca se habían planteado correr y, de repente a través del running y de mi historia, comienzan. Además la firma de los libros y los encuentros con la gente son súper emocionantes, creo que eso es lo que más me llena.

¿Has tenido que sacrificar algo que te haya costado especialmente?

No lo he visto como un sacrificio pero sí mucho tiempo personal invertido. He quitado horas de estar con mi familia, he dejado proyectos en los que no me podía involucrar por intentar sacar el proyecto de Mujeres que Corren adelante y he dejado un trabajo con sueldo fijo por intentar desarrollar este proyecto personal. Todo porque realmente me lo creo y porque soy consciente de que muchas mujeres se pueden beneficiar de Mujeres que Corren.

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